domingo, 9 de febrero de 2025
Encantamientos, romances y una reina con muy mala baba
Dice Gide que todas las criaturas indican a dios, pero ninguna de
ellas es capaz de revelarlo del todo. Y dice también que desde el momento en que
nuestra mirada se engolfa y se detiene en una criatura concreta, ésta no puede
sino despistarnos y alejarnos de dios.
La estética como pensamiento se basa en la capacidad de evitar ese despiste y ese alejamiento del que habla Gide. Cuando
lo logramos puede acontecer que tengamos la suerte de entrar en contacto con lo
maravilloso.. Si cuando eso sucede -cuando aún nos está sucediendo- nos
preguntan cómo nos sentimos, es muy posible que nos confesemos “encantados”.
Cuando así nos manifestamos -lo sepamos o no- estamos entrando en el extenso
campo categorial de la Apate, la Ilusión estética1. Y más en concreto nos
estaremos remitiendo a las sub-categorías de la Thelxis y la Poikilometis tal y
como fueron entendidas desde Homero a Gorgias. Thelxis deriva del verbo Thelgo
que alude al proceso por el cual quedamos paralizados y completamente absortos
en algo o alguien, esto es, cuando quedamos encantados.2 La expresión misma
“quedar encantados” parece apuntar a lo que nos sucede cuando nos dejamos
cautivar por una canción. Este mismo sentido aparece en el francés enchantér,
idioma cuya palabra “encanto”: “charme” deriva precisamente del latín “carmen”:
canción. Así pues podemos decir que estamos encantados siempre que nuestro
pensamiento y nuestras acciones transcurren dentro de los límites de una
“canción”, de una figura que, podríamos decir parafraseando a Wittgenstein, nos
ha cautivado y no nos deja salir así tan fácilmente. Nuestra hipótesis aquí será
pues que el encantamiento o la canción serán formas primordiales del medio
homogéneo estético, un medio que nos incluye, nos abarca y nos despliega en un
concreto sentido modal. Estar encantado, por tanto, consistirá en ser partícipe
de un modo de relación determinado, sabiendo que ese participar siempre toma la
forma de un llevar y ser llevado. Es importante considerar esto desde y hacia el
terreno de la reflexión estética porque, como es evidente, la finalidad de todos
estos encantamientos, de la puesta en obra de muy diversos e incluso antitéticos
modos de relación, no es desvelar la verdad: el relato que las musas inspiran a
Hesiodo no pretende necesariamente contar la verdad, sino otras cosas como
deleitar y consolar invitando al oyente a una ilusión específicamente estética
en el interior de la cual todo cobra sentido y es objeto de reverencia,
veneración y gratitud. En términos psicodélicos podría decirse que lo que hace
cada “encanto” es suspender provisionalmente el “default mode”, las reglas y
patrones que normalmente rigen nuestras interacciones para dar así entrada
simultáneamente a otros modos de relación habitualmente restringidos y/o
canalizados por el default mode. Con ello pasaríamos de la Thelxis a la
Poikilometis, literalmente inteligencia colorida, variegada, o abigarrada3 como
decantación de la inteligencia vinculada a la práctica de un pensamiento
complejo, variante y contradictorio, que a su vez caracteriza a la imagen
poética como lenguaje de alta intensidad4. Se trata, por lo demás de una
inteligencia determinada: Refiere a la diosa Metis que en su día engulló Zeus,
en uno de los casos paradigmáticos de endosimbiosis seriada, puesto que siguió
viva dentro de él permitiéndole con sus consejos derrotar a los Titanes. Ese
sería el gran salto evolutivo que nos lleva de un dios procariota, simple como
un anillo o un titán, a un dios eucariota que contiene un núcleo y no cualquier
núcleo sino a la diosa Metis, la diosa Artimaña. El caso es que esta Metis
deglutida e incorporada por Zeus y luego transmitida a su hija Atenea consiste,
según Vernant y Detienne, en un modo de conocer, una especie de sabiduría
práctica que en la antigua Grecia la gente utilizaba combinando conocimientos y
habilidades intelectuales como la sagacidad, el ingenio, la flexibilidad de
espíritu, la audacia, la atención vigilante, la intuición, la experiencia, la
astucia o el sentido de la oportunidad. Carol Kerényi define la metis como la
capacidad para adherirse firmemente a la realidad de manera cómplice,
camaleónica, ambigua, dúctil: «esa fuerza ilusionista, esa astucia y plasticidad
permiten la victoria precisamente allí donde ninguna solución o resolución se
abriría camino en el intelecto común» Y por rematar con un clásico habría que
tener presentes los consejos de Nestor a su hijo Antiloco para que recurra a la
metis y haga como hace el leñador que trabaja más con la metis que con la
fuerza; con su metis el piloto gobierna la veloz nave combatida por los vientos,
y con su metis puede un auriga vencer a otro. Pues bien, cuando esa metis de
suyo tan ágil y adaptativa se muestra tornasolada de colores y en pleno proceso
de metamorfósis es cuando accedemos a la Poikilometis. … Por lo demás la larga y
fértil historia de lo que se canta y lo que encanta tiene sus primeras heroínas
en las Sirenas cuya aparición misma está relacionada con la historia del rapto y
posterior liberación parcial de Perséfone por Hades, el dios del inframundo. Se
puede pensar que esta historia está directamente relacionada con la
poikilometis, con una inteligencia compleja del mundo puesto que tanto si
Perséfone se hubiera quedado permanentemente pegada a las faldas de su madre,
como si hubiera aceptado vivir todo el año en el Hades -esa especie de Benidorm
tenebroso, más tenebroso- se habría perdido la oportunidad de introducir una
periodicidad, un ritmo y eso es justo lo que sucede cuando Perséfone toma varios
granos de granada, quedando por ello obligada a pasar medio año en el Hades y
medio año en la Tierra dando así lugar a la alternancia de las estaciones
permitiendo que haya primavera y verano. En términos estéticos le debemos todo a
esta institución de la complejidad y la contradicción puesto que ambas son
claves para nuestra propia complejidad e inteligencia de colores. Esa será la
pista que seguiremos para constatar la relación de las sirenas con la historia
de Persefone puesto que la existencia misma de las sirenas explica tanto la
alteridad y la multiplicidad modal -¿acaso cada sirena tiene su canto
particular? ¿O todas cantan lo mismo en plan orfeón donostiarra?- ¿Deberíamos
considerar que lo fatal que acontece cuando nos acoplamos en exceso con alguna
de ellas y deja de haber “hendidura del trasfondo”, deja de haber poikilometis.
Y ya sólo cabe esperar la muerte... el nunca del todo alcanzado modo de lo
inefectivo. ... El canto de las sirenas , como los infernales atractivos de
Hefesto son tan letales como fascinantes. Otro tanto sucede con algunos de los
cantares que aparecen en el Romancero. Así sucede en el Romance del Conde Niño,
cuya canción no sólo logra detener el vuelo de todas las aves del cielo sino que
logra confundir a la reina haciéndole pensar que se trata del canto de las
sirenas. Y no es extraño que así sea puesto que se trata de una canción del
inframundo a donde el Conde Niño quiere llevarse a la princesa, aprovechando la
cosa de hallarse abiertas las puertas por ser la mañana de San Juan, cenit de lo
solar e inicio de la hegemonía de lo nocturno. Conde Niño por amores es niño y
pasó a la mar va a dar agua a su caballo la mañana de San Juan. Mientras su
caballo bebe, él canta dulce cantar : todas las aves del cielo se paraban a
escuchar. La reina estaba labrando, la hija durmiendo está : - levantáos Alba
niña, de vuestro dulce folgar, sentiréis cantar hermoso la sirenita del mar, -
No es la sirenita, madre, la de tan bello cantar, sino es el Conde Niño que por
mi quiere finar. La Reina, como si de la mismísima Demeter se tratara, querrá
impedir a toda costa el bodorrio y retener con ella a la Princesa hasta vete a
saber cuando. El remedio que se le ocurre -se veía venir- es cargarse al Conde
Niño: - Si por tus amores pena, ¡oh, mal haya su cantar! y porque nunca los
goce, yo le mandaré matar. ignorando que con ello -como sucedía con Perséfone al
tomar la granada- dará pie a un nuevo ciclo de complejidad, que abarcará la
noche y el alba: - Si le manda matar madre, juntos nos han de enterrar. El murió
a la medianoche, ella a los gallos cantar ; a ella, como hija de reyes, la
entierran en el altar ; a él, como hijo de conde unos pasos más atrás. De ella
nació una rosal blanco, de él nació un espino albar ; crece el uno, crece el
otro, los dos se van a juntar. La reina llena de envidia ambos los mandó cortar
; el galán que los cortaba no cesaba de llorar. De ella naciera una garza de él
un fuerte gavilán, juntos vuelan por el cielo, juntos vuelan par a par. …
También en la Canción del Conde Arnaldos volvemos a encontrar -más desarrollados
aun si cabe- los temas del encantamiento, la delicada cuestión de la producción
y la cancelación de la complejidad. Se reiteran aquí elementos que ya hemos
destacado como la peculiar porosidad modal, el kairos-ocasión que ofrece la
“mañana de san juan” a través de la cual irrumpe lo extraordinario, ya se trate
de un emisario del inframundo o simplemente de otro modo de relación: Quien
hubiese tal ventura sobre las aguas del mar, como hubo el conde Arnaldos la
mañana de San Juan! Andando a buscar la caza para su falcón cebar, vio venir una
galera que a tierra quiere llegar; las velas trae de seda la jarcia de oro
tozal. Lo que aquí lo que nos interesa es el encantamiento, la medida en que
sobrecoge y paraliza ya no sólo al Conde Arnaldos sino a las criaturas del cielo
del agua e incluso al mismo viento: Marinero que la guía diciendo viene un
cantar que la mar ponía en calma, los vientos hace amainar; los peces que andan
al hondo, arriba los hace andar, las aves que van volando, al mástil vienen
posar. En diferentes versiones de este mismo romance, como la del Conde Olinos,
se insiste en esta instauración de lo excepcional que provoca un paréntesis. El
canto del marinero logra plantear un medio homogéneo, una ilusión estética que
abarca y condiciona lo dado. las aves que iban volando se paraban a escuchar;
caminante que camina detiene su caminar, navegante que navega la nave vuelve
hacia allá. Una palabra clave para entender este sobrecogimiento puede ser el
“respeto”. Respeto deriva de re-spicere, que en latín vendría a sugerir la idea
de volver a observar algo, de considerarlo de nuevo con cuidado evitando una
experiencia distraída, “turística” del modo de relación en cuestión. El respeto
es una de las dimensiones fundamentales de nuestras vidillas. Asumir y reconocer
aquello que nos inspira respeto es una de las mejores maneras de conocerse uno
mismo, en plan “dime a qué o a quien respetas y te diré a quien te pareces”. Por
lo demás el respeto exige lealtad, perseverancia en el afecto y cierta -sólo
cierta- exclusividad. Por eso si se pretende experimentar de lleno toda su
fuerza, preciso será que abandonemos todo lo demás -aunque sea un rato- y nos
atrevamos a irnos con el marinero, la sirena o el mismísimo Conde niño donde nos
quieran llevar: Allí habló el conde Arnaldos, bien oiréis lo que dirá: -"Por tu
vida el marinero dígasme ora ese cantar". Respondióle el marinero, tal respuesta
le fue a dar: -"Yo no digo mi canción sino a quien conmigo va". Seguramente el
marinero sea el avatar canoro de Hefesto o la versión trans de la sirenita. Lo
significativo, sin embargo, reside en que todos ellos se presentan como
emisarios del inframundo. Y es sensato que así aparezcan puesto que si se nos va
demasiado la chaveta y nos quedamos demasiado tiempo acoplados a uno de estos
medios homogéneos -o al menos eso creen los antiguos- el precio a pagar será,
también aquí, el de la muerte, es decir, la disolución de la complejidad y
contradicción característica que -al cabo- somos cada cual. ... Otro frente que
el pensamiento modal nos permite abrir es el que surge cuando constatamos la
comparecencia de todos aquellos que están encantados de conocerse, aquellos tan
ufanos del modo de relación que habitan que no quieren saber nada más de ningún
otro. El sentido derogatorio en el que suele emplearse dicha expresión nos
recuerda que no hay modo de relación sin su momento disposicional que abra
líneas de fuga, vectores de posibilidad abiertos a la exploración... al igual
-claro está que no hay modo de relación que no cuente con su momento de
decantación repertorial. En todo caso cuando decimos de alguien que es un
encantador de serpientes o un principe encantador es porque ese alguien tiene
una canción y sabe atraernos hacia ella para robarnos la cartera, el corazón o
ambas cosas, como solía pasarle a Sabina. … ¿Qué relación tiene el encantamiento
estético con el proceso de “desencantamiento” del mundo? La intelectualización y
racionalización crecientes...significan que se sabe o se cree que en cualquier
momento en que se quiera se puede llegar a saber que, por tanto, no existen en
torno a nuestra vida poderes ocultos o imprevisibles, sino que, por el
contrario, todo puede ser dominado mediante el cálculo y la previsión. Pero esto
significa el desencantamiento del mundo. A la inversa del salvaje, aún creyente
en la existencia de tales poderes, nosotros no tenemos que valernos de medios
que obren efectos mágicos para controlar a los espíritus. O incitarlos a la
piedad. Esto es algo que se puede lograr por medio de la técnica y la previsión.
Visto con la distancia y lo que sabemos ahora, podría decirse que lo que
describe Weber en Ciencia como vocación es más bien un proceso de encantamiento
diferente, un encantamiento que ya supieron ver humanistas del siglo XVI como
Martín de Cellorigo 1600 cuando describía la situación de España diciendo que no
parece sino que se han querido reducir estos reynos a una república de hombres
encantados que vivan fuera del orden natural. Esa república pone de manifiesto
la hegemonía de un determinado modo de relación histórica y culturalmente
construido con sus propios poderes ocultos que relega a la inoperancia y la
superstición todos los demás modos de relación. Esto es aplicable en conjunto a
todo tipo de adoración a poderes invisibles y auráticos, como los del arte, sin
ir más lejos. La pregunta, más allá de la eficacia de los procesos de
racionalización y burocratización, es si con ellos sólo tenemos cubiertas todas
nuestras necesidades de relación y habitación del mundo o si por el contrario
necesitamos poner en juego otros modos de relación que nos expongan y nos
tornasolen. Volvamos ahora a la definición de la Poikilometis que, como hemos
visto, alude a una “inteligencia de muchos colores” una suerte de inteligencia
plural y adaptativa, capaz de ir mutando. y que se usa en la poesía arcaica para
aludir a una inteligencia fundamentalmente plural en sus planteamientos y
adaptativa en sus modulaciones.La poikilia como factor de la conformación de lo
estético será la responsable de auspiciar una especie de multiplicidad, de forma
cambiante que no permite encerrar al poeta en ningún carácter determinado puesto
que, como saben Dorian Gray y Gema Hernández , el poeta es todos los
caracteres... Esta es la inteligencia que caracteriza tanto a Hermes como a
Odiseo, el de los múltiples senderos. El mismo Píndaro para dar cuenta de la
complejidad que da forma a su arte, describe su poesía como poikilos y como
daidalos5, esto es de muchos colores y construida a guisa de laberinto. Y no es
que desde la estética se pretenda plantear una visión del mundo alternativa, una
visión que pretenda combatir frontalmente la de lo que Weber llama
“intelectualización” del mundo. Por el contrario, parece claro que la estética
no consiste en imponer ningún modo de relación en concreto sino la
sobreabundancia y la concurrencia de diferentes modos de relación.
lunes, 28 de marzo de 2022
Auto-organización, poder y revuelta.
Auto-organización y Revolución
Dicen los clásicos que la anarquía y la revolución son la más alta expresión del orden. Y lo son porque a través suyo nos es dado aprehender patrones de auto-organización que son fundamentales para nuestra comprensión del mundo y -claro está- de nosotros mismos.
Así y mediante estos patrones de auto-organización1 no sólo accedemos a esa más alta expresión del orden, sino también a la más básica y más ancha expresión del orden. Tanto es así que la auto-organización nos permite entender desde las reacciones autocatalíticas como las expuestas por Beloussov-Zhabotinsky hasta los mayores logros de las comunidades humanas y animales.
Por supuesto que implícito en la apuesta va el compromiso para definir otro tipo de orden que quizá no se parezca demasiado al orden que suele gustarle a los "defensores del orden": un orden vivo, un orden constantemente sometido a una serie de acoplamientos y desacoplamientos parciales, un orden a través de las fluctuaciones (Prigogine) o al borde mismo del caos (Kauffman). Por eso en vez de ser "un orden", es muchos ordenes, tantos como diferentes modos relación coincidentes en la extensión seamos capaces de suscitar y sostener.
Pero aun a día de hoy y pese a los esfuerzos de científicos como Ilya Prigogine, Humberto Maturana, Francisco Varela, Lynn Margulis o Stuart Kauffman se hace extraño invocar la auto-organización. Y es que si hay un gran olvido, una inmensa área ciega que atraviesa toda la modernidad y que llega hasta nuestros mismos días, se trata del olvido de la auto-organización como categoría que nos permite aprehender toda una serie de fenómenos que de otra forma carecen de sentido o incluso nos pasan desapercibidos.
Desde los enfoques tradicionales de la física y la química, la biología o incluso las ciencias sociales, que combinan mecanicismo y voluntarismo de un modo inquietante, se ha dado por sentado que el mundo es un dispositivo inerte exceptuando las intervenciones mediante las que el hombre blanco con lengua de serpiente las manipula y las gestiona. Nos hemos acostumbrado a pensar que cualquier sistema físico, biológico o social dejado a sí mismo no puede sino acumular entropía y desaparecer.
Y decimos que se trata de un olvido de la modernidad capitalista, porque desde luego semejante postergación de la auto-organización está del todo ausente en buena parte de lo que nos llegaba desde nuestra propia cultura clásica: de Hesiodo o Anaxágoras hasta Milton, alguna vez tuvimos claro que el orden sólo podía emerger del caos y que sólo lo haría como consecuencia de la estructura misma de la materia, los organismos o el conocimiento... en todos los cuales la auto-organización es una propiedad emergente.
Como dice Sugata Mitra, uno de los grandes exploradores de la revolución como auto-organización, este modelo epistemológico y ontológico halla su máximo grado de acoplamiento en el marco del Imperio. Todo proyecto imperial tiene su natural enemigo en la auto-organización. Si nos queremos fijar en los más recientes, como hace Mitra podemos bien pensar en como el modelo reduccionista pudo tener sentido en la era que abarca tanto los primeros imperios transoceánicos como el español o el británico y que llega hasta el fordismo y la primera guerra mundial...
El imperio debe producir agentes estables y previsibles, intercambiables dentro de una distribución del terreno y unas vías de comunicación también estables y previsibles. Un famoso dicho chino afirmaba que para aprobar las oposiciones a mandarín hacía falta la voluntad de un dragón, la fuerza de una mula, la insensibilidad de una carcoma y la resistencia de un camello...
Ese es el tipo de ciudadano que los imperios han necesitado generar y la auto-organización ha sido precisamente su área ciega, aislado en su propia carrera, sometido a su cualidad de fragmento.
Lo dijo Montesquieu que de esto sabía un rato: la primera característica de la tiranía es el aislamiento, la fragmentación de lo común que producen el temor y la sospecha, mediante los que se separa al tirano de sus súbditos y a éstos mismos entre sí.
Como consecuencia o a la par de este aislamiento, la segunda característica de la tiranía es su combinación de fuerza e impotencia. El tirano puede ser fuerte, y también pueden serlo, por separado, sus esbirros o sus súbditos, pero como ha explicado Hannah Arendt, el conjunto no logra desarrollar poder “puesto que el poder sólo surge de la pluralidad, del actuar y hablar juntos, que es la condición de todas las formas de organización política”2.
La tiranía produce y reproduce impotencia de modo tan natural, tan necesario como otros cuerpo
Notas peatonales
1 Concebidos como “patrones de Turing” . Stuart Kaufman en su “Origins of order” los presenta así: “His model builds up spatially heterogeneous patterns of chemicals from an initial uniform distribution. He supposes a chemical system containing two important chemicals. In outline, one chemical, say X, autocatalyzes the formation of itself from some precursor molecule. In addition, X catalyzes the formation of a second chemical, Y. In turn, Y inhibits the formation of X and also inhibits the formation of Y. Gierer and Meinhardt (1972) and Meinhardt and Gierer (1974) call X and Y "activator" and "inhibitor" for obvious reasons. (Kaufman, Origins of order, 566)
2 Hannh Arendt, pág. 201
3 The only indispensable material factor in the generation of power is the living together of people...
isolation, power springs up between men when they act together and vanishes the moment they disperse H. Arendt, The human Condition, pág. 201s políticos producen diferentes grados e intensidades de poder.
La auto-organización nos abre a una inteligencia de lo vivo y del poder que sólo emerge del co-munere -del desempeñar juntos una función, un deber- y sólo en él pervive. Un poder cuya “única limitación es la existencia de otra gente, pero esta limitación no es accidental, puesto que el poder humano está en estricta correspondencia, para empezar, con la condición de la pluralidad”3.
Así las cosas, si queremos ahora pensar en lo que se ha llamado, con más o menos fortuna, empoderamiento, habrá que ir con cuidado de no limitarnos a “dar fuerza" a los agentes implicados sin advertir que no por ello acceden a poder alguno. Semejantes inyecciones de fuerza no merecen propiamente el nombre de empoderamiento, antes bien lo que sugieren es un exabrupto de fuerza mal distribuida, lo dice Arendt así de bonito cuando las describe como “fuerzas impotentes que se agotan en sí mismas, a menudo espectacular y vehementemente sin dejar nunca de ser fútiles y sin dejar detrás suyo rastro alguno de monumentos ni historias”4.
Por eso la revolución sucede sólo desde la auto-organización y como hemos aprendido de la Panarquía5, la auto-organización sucede orientándose sucesiva o simultáneamente hacia la revuelta y la memoria.
Revuelta para poner en juego la pluralidad de disposiciones que se encontraban anquilosadas y fuera de uso.
Memoria para redescubrir todo aquello que ya estaba ahí: en la cuneta de las carreteras o en la cuneta de nuestros propios cuerpos, vehículos y gadgets.
Sin salir de México tenemos a mano ejemplos clarísimos de lo que puede la auto-organización y cuan revolucionariamente puede cambiar, de hecho, la vida de las personas. Uno de mis ejemplos preferidos es la Cooperativa Tosepan Titataniske6, en la sierra nororiental de Puebla. Una organización que lleva ya 40 años tramando los hilos que permiten a su gente ser capaces de organizar sus propias vidas sin tener que andar pidiendo perdón y permiso a cada paso.
Podríamos también mencionar la Universidad de la Tierra, fundada en Oaxaca por Gustavo Esteva, cuyo objetivo principal, en sus propias palabras es “encontrar modos de regenerar las comunidades en la ciudad, crear un tejido social en el que todxs, con independencia de la edad que tengamos, seamos capaces de aprender”7
Con su ayuda nos atrevemos ahora a pensar una revolución que se trame generando modos de relación capaces de ofrecernos no sólo sentido y orientación sino una muestra de lo que podemos hacer y lo que acaso tenemos que hacer.
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Notas peatonales
1 Concebidos como “patrones de Turing” . Stuart Kaufman en su “Origins of order” los presenta así: “His model builds up spatially heterogeneous patterns of chemicals from an initial uniform distribution. He supposes a chemical system containing two important chemicals. In outline, one chemical, say X, autocatalyzes the formation of itself from some precursor molecule. In addition, X catalyzes the formation of a second chemical, Y. In turn, Y inhibits the formation of X and also inhibits the formation of Y. Gierer and Meinhardt (1972) and Meinhardt and Gierer (1974) call X and Y "activator" and "inhibitor" for obvious reasons. (Kaufman, Origins of order, 566)
2 Hannh Arendt, pág. 201
3 The only indispensable material factor in the generation of power is the living together of people...
isolation, power springs up between men when they act together and vanishes the moment they disperse H. Arendt, The human Condition, pág. 201
4 "impotent forces that spend themselves, often spectacularly and vehemently but in utter futility, leaving behind neither monuments nor stories"
5 Panarchy, Understanding Transformations in Human and Natural Systems. Lance H. Gunderson C. S. Holling. Island Press, 2002. Una aplicación de la Panarquía a las discusiones actuales sobre estética y autonomía puede verse en Estética Modal, Jordi Claramonte, Tecnos, 2016
6 Aquí hay una nota de prensa del reciente 40 aniversario: http://www.jornada.unam.mx/2017/03/01/opinion/020a1pol
y aquí un video que explica muy brevemente la consistencia del invento: https://vimeo.com/95085017
Debo las gracias por estas referencias a mi gran amigo Ernesto Isunza.
7 Citado por Claudia Gomez-Portugal, junto a muchos más proyectos de auto-organización educativa, en David Bollier (editor) Patterns of Commoning, Off the commons Books, Amherst 2015, pág 248 y ss.
domingo, 1 de septiembre de 2019
Lenticularidad o Teoría de gatitos
Lenticularidad
Siempre me han gustado las láminas de
gatitos. Y de entre todas las que más me gustan son esas que se
venden en bazares y tiendas de todo a cien que te permiten ver algo
así como un gatito pequeñito y peludito jugando con una mariposa de
colores... pero que si te mueves un poco hacen que veas otro gatito
-aun más pequeñito y peludito- que mira extasiado una flor... y
sucede entonces que, al intentar ver mejor la flor, la lámina misma
te devuelve al primer gatito que ahí sigue jugando con la mariposa.
Un encanto.
Me gustan tanto que ya hará un par de
años que tengo colgadas en la puerta de mi despacho dos de esas
láminas que aportan una infinita variedad a mis deambulaciones por
el pasillo de la Facultad. Cuando vengo desde la calle veo
cachorritos de ojitos brillantes y larga lengua humeda y cuando llego
del despacho del director del departamento, en cambio, veo gatitos acicalándose y
mirándose unos a otros embelesados.
¿Acaso tendrá alguna influencia sobre
mi percepción estética el hecho de que venga desde la calle o desde
el despacho del director? Yo mismo lo he dudado mucho tiempo, pero
ahora se que no es ese el caso.
Las láminas que cuelgan de mi puerta
están construidas siguiendo los principios de la lenticularidad, que
-visto lo visto- también podría llamarse teoría de gatitos.
La lenticularidad es una técnica -una
tekhné, es decir un arte- que permite asociar diferentes imágenes en un mismo soporte
de impresión, de manera que podamos ver alternativa y
consecuentemente una u otra de ellas, en función de determinados
cambios de perspectiva respecto a la imagen. La alternancia en las
imágenes percibidas puede deberse a traslación, rotación,
acercamiento o alejamiento a la lámina...
Más allá de mi muy cuestionable gusto
por las imágenes garunas y peluchescas, si traemos aquí a colación este tipo de
láminas es porque la lenticularidad resultará fundamental para
entender el estatuto mismo de lo estético. Nada menos.
En efecto, podemos decir que la obra de
arte es una especie de composición lenticular, puesto que cabe
esperar que nuestra percepción de la misma cambie y vuelva a cambiar
en función de pequeños desplazamientos de nuestra sensibilidad.
Igualmente y como sucede en la
lenticularidad las diferentes visiones que nos depara la obra de arte
no son en absoluto por entero independientes del objeto o de la obra
en cuestión, más bien al contrario las distintas visiones que
logramos aquilatar nos devuelven a la obra misma, la enriquecen y la
cuestionan para volvernos a lanzar hacia otra visión diferente. Se
puede decir con Umberto Eco que la obra de arte es siempre una “obra
abierta” pero semejante apertura no conlleva una suerte de total
indeterminación de la misma que -a todo esto- no tendría sentido
alguno.
A su vez -y esto también es un rasgo
común de la lenticularidad y la experiencia estética- esta
diversidad de sentidos e interpretaciones no nos debe confundir
llevándonos a postular que haya varias realidades, tantas como
imágenes o interpretaciones obtengamos de ella.
Antes al contrario, la clave radica en
que la obra de arte, pese a toda su fertilidad y su juego constituye
una sola realidad... que es, eso sí, una realidad lenticular, es
decir una realidad que alberga y auspicia siempre una pluralidad de
sentidos, de imágenes que no sólo conviven en su seno, sino que
remiten continuamente de la una a la otra en un proceso indecidible.
Esto
lo ha apreciado con claridad el lenticular profesor
australiano-libanés Ghassan Hage1:
Lo relevante de la condición lenticular es que
determinadas situaciones de ambivalencia, vacilación e incertidumbre
que podrían parecer estados subjetivos de sujetos sociales tienen
aquí que ser teorizadas como propiedades de la realidad misma, en
una dimensión ontológica2
Que
nos remita a esa dimensión ontológica quiere decir, como ya hemos
adelantado, que la realidad de la obra sigue siendo una. Aunque se
trate, bien es cierto, de un tipo de realidad un tanto peculiar: una
realidad lenticular que en cierto modo exige la movilidad y
plasticidad del espectador o el investigador y de la que no podemos
obtener nunca una imagen o una representación única que cierre el
objeto
La lenticularidad, por tanto, no es una
cuestión de perspectiva, o más bien, no es sólo una
cuestión de perspectiva. La perspectiva no cambia gran cosa si la
aplicamos a una foto normal de gatitos...
ahora bien el cambio de perspectiva
aplicado a una realidad lenticular consigue hacernos notar la
complejidad3
de la realidad que estamos tratando.
A todo
esto, por supuesto, podemos sostener que cierto grado de
lenticularidad es una condición necesaria para la obra de arte...
pero por supuesto no es una condición suficiente...
Sin
juegos de palabras y dobles sentidos no habría Hamlet ni
enterrador... pero sólo con ellos no se construye a Hamlet.
Necesitamos
algo más y lo tenemos a mano en EM1 y EM2.
Hablaremos
de lenticularidad en un sentido estrictamente estético cuando las
“perspectivas” que reparten juego no sean las que dependen de que
vengamos de un lado u otro del pasillo de la facultad o el museo,
sino que sean las que derivan de la puesta en juego alternativa y
simultánea de una lógica disposicional o una lógica repertorial,
esto es, de la medida en la que intervengan con mayor o menor
evidencia los modos de lo posible/imposible o los de la
necesidad/contingencia.
Los
modos relativos serán “los que relacionan”, los que pondrán en
relación los elementos de la composición, los que tramarán “lo
relacionado”, que para mi disgusto no serán gatitos ni mariposas,
sino estratos, categorías y valores... que se mostrarán y ocultarán
según pasemos de una hegemonía modal a otra, según muestre una
mayor agencialidad la busqueda de un centro o la huida de él.
Esta
será una condición ineluctable para que podamos empezar a hablar
con propiedad de algo así como un análisis modal. En ningún
caso podremos contentarnos con la identificación en una obra de arte
de este o aquel estrato, categoría o valor... sino que se tratará
siempre de exponer la condición lenticular del objeto o la
experiencia analizados.
Que esa
condición nos impida resolver mediante un sentido o una imagen única
la complejidad de la obra de arte o la experiencia estética no nos
vedará los dominios de lo estético.
Antes al
contrario, será esa condición, esa capacidad para dar cuenta de una
complejidad tan acotada como indecidible la que acaso por vez primera
franquee el paso a una investigación estética digna de ese nombre.
…
1 Hage
ha intentado aplicar la lenticularidad al estudio de dos tipos de
desigualdad, la extractiva y la distribucional tal y como aparecen
en las láminas en las que en vez de gatitos aparecen los habitantes
de la Palestina ocupada.
2 The significance of the lenticular condition is that
situations of ambivalence, vacillation and uncertainty which are
subjective states of social subjects have to be theorized as
properties of reality itself, an ontological condition
http://hageba2a.blogspot.com/2018/03/towards-lenticular-understanding-of.html
3 En
términos modales es obvio que no se trata de que haya varios mundos
posibles, estrictamente sólo puede ser aquello para lo cual se dan
todas y cada una de las condiciones... de otro modo no sería
propiamente posible. En consecuencia, sólo un mundo es
posible: el que de modo efectivo se acaba dando. Otra cosa es que
tengamos la lucidez y los medios de intervenir en ese conjunto de
condiciones de forma que contribuyamos a generar otra configuración
del mundo, pero ojo porque esa otra configuración del mundo a su
vez sólo podrá suceder si se dan -o hacemos que se den- todas y
cada una de sus condiciones de posibilidad.
miércoles, 24 de julio de 2019
De la Pirámide Olfativa como herramienta de composición y crítica
Acompañando a mi colega Isabel Guerrero en la preparación de su tesis he estado viendo que los
perfumistas componen sus fragancias como si organizaran un ejército
para la batalla.
Como un ejército para la batalla
disponen las notas olfativas de que consta el perfume de tal manera
que éste funcionará en tres oleadas diferentes que conforman la
llamada pirámide olfativa.
En la vanguardia de esa disposición
aparecerán las notas “de salida” que se manifestarán de
modo inmediato tal cual apliquemos el perfume sobre la piel. Como
sucedería en un sistema de trincheras organizado en profundidad esta
primera línea tiene como función ofrecer el primer contacto y como
tal es de creer que no resista demasiado tiempo, esto en un perfume o
una trinchera puede ser entre 15 y 120 minutos como mucho. Aparecen
ahí las
notas que sirven como vanguardia, como presentación del perfume o
del ejército, y por ello suelen ser notas ligeras
y volátiles.
Pero mucho antes de que esas notas de
salida se hayan extinguido del todo hace su aparición una segunda
línea que contiene las notas llamadas “de corazón”.
Aquí es donde se va a dar el choque principal, aquí es donde nos
la vamos a jugar. Estas notas pueden aparecer ya en esos primeros
quince minutos y perdurar hasta algo más de seis horas. Constituyen
el núcleo del perfume y en consecuencia son cruciales para
determinar su especificidad.
Eso sí, las notas de corazón no
podrían funcionar de no apoyarse
e una tercera
línea de resistencia, las notas “de
fondo”
que suelen ser esencias que dan profundidad: como la madera, el
ámbar, el almizcle o las especias. Como buenos miembros de la
tercera línea no se hacen notar hasta al menos un par de horas
después de la aplicación del perfume, pero son las que más tiempo
perduran y las que dan base a los dos primeros estratos de la
composición. Su cometido es tan discreto como fundamental.
Los
perfumistas se basan en las cualidades de las notas olfativas para
distribuirlas en uno u otro estrato de la pirámide olfativa que
constituye cada perfume.
La
cuestión que me planteo ahora es es si podríamos apoyarnos en un
dispositivo de secuenciación temporal parecido para poder entender
cómo se secuencia y se estratifica nuestra experiencia estética en
el cine, la música o la arquitectura, por citar sólo tres prácticas
en las que esta pirámide podría parecer especialmente adecuada.
Serán la presencia física de los actores, el vestuario y las acciones las notas de salida?
Serán
los diálogos y la trama el corazón de la película?
Habrá en el cine elementos como la fotografía o la banda sonora que hagan las veces de las notas de fondo en un perfume?
Deberíamos
en consecuencia dejar actuar la película sobre nuestra sensibilidad,
como dejaríamos actuar a un perfume, dejar que vayan trabajando
todos sus ingredientes al contacto con nuestra piel.
En
todo caso y para poder enterarnos de algo será imprescindible usar
la obra, como se usa un perfume. Habrá que llevar la obra puesta,
dejarla acompañarnos, dejarla sudar con nosotros de forma que se
muestre en todo su espectro. Algo parecido sucede cuando llevamos
puesto a Hamlet, a Bartleby o al Gran Lebowski... y cada uno de ellos
muestra sus poderes en el momento más oportuno, como lo harían los
cómplices de Medio Pollito.
…
Decía
Lukács que aquello en lo que, a fin de cuentas, consistía una
película era en lo que él llamaba una “unidad tonal emocional”.
¿podríamos entender mejor cómo está compuesta y cómo funciona
una “unidad tonal emocional encontrando en cada una de ellas esta
pirámide de notas con la que trabajan los perfumistas?
...
Una
de las virtudes más notables de una herramienta de composición y
análisis como la pirámide olfativa, es que contempla diferentes
dimensiones de la experiencia estética sin subordinar mecánicamente
unas a otras, evitando de paso el juego dualista entre una
comprensión superficial y una comprensión profunda de la obra.
De
hecho, lo que propone la pirámide es que superficialidad y
profundidad no pueden existir por separado sino que son dos momentos
diferentes de la recepción de una misma obra. Claro está que se
puede tratar de una obra apresurada diseñada para un consumo rápido
y efectista que nos cautive mediante las notas de salida y que no
tenga gran cosa que ofrecernos luego en su corazón ni en su fondo. O
también puede suceder que haya obras dotadas de un gran fondo e
incluso de un elaborado corazón pero que resulten torpes emisarias
de sí mismas y no logren captar la atención de sus usuarios
quedando arrumbadas como obras que nunca llegaron a alcanzar la
atención que quizá merecían. En ambos casos se trataría de
diferentes torpezas compositivas que no harán sino reforzar la idea
central aquí, a saber que toda obra de arte no puede sino aparecer
como el juego, como la interacción en el tiempo de sus diferentes
notas.
viernes, 26 de octubre de 2018
Lo precario
Desde
que la lejana pero siempre firme mano de Margaret Thatcher trajera el
neoliberalismo a Europa, la precariedad ha tenido tiempo de
convertirse en condición inherente a la estructura de producción y
consumo característica del capitalismo de inicios del siglo XXI.
...
Es muy significativo
-y no tiene nada de paradójico- que la precariedad se haya
convertido en el rasgo más destacable de la sociedad más opulenta
de la historia. Vivimos rodeados de mil comodidades pero no somos
nosotrxs lxs que tenemos las comodidades sino más bien es al revés:
son las comodidades las que nos tienen a nosotros. Nuestro consumo
-como diría Thorstein Veblen-es un consumo vicario,
consumimos en el nombre de Otro, trabajamos, consumimos y nos
entretenemos a cuenta de Otro al que tenemos que rogarle
constantemente que nos permita seguir acoplados, cueste lo que
cueste.
….
“Rogar” es la
palabra adecuada puesto que está en el origen mismo del concepto de
“precariedad”. Lo precario es lo que se obtiene a fuerza de
ruegos, de preces -de la raíz latina prex-precis-.
Esa es sin duda la
clave de la condición precaria: que entendamos que no tenemos
derecho a nada, que aquello que conseguimos lo recibimos a fuerza de
rogar pero no porque nos pertenezca o porque estemos legitimados para
exigirlo. Cuando entendemos este vínculo, cuando entendemos con el
cuerpecillo que sólo tenemos aquello que se nos deja tener a fuerza
de ruegos, entonces no nos podemos extrañar de que nos lo quiten:
simplemente estábamos viviendo por encima de nuestras
posibilidades.
…
Una
de las características más relevantes de la precariedad consiste en
que nos aboca a lo podríamos llamar una carencia repertorial
sistemática. Dicha carencia se hace evidente cuando el conjunto
de lo que tenemos, de los elementos con los que contamos para
organizar nuestra vida se muestra como un conjunto de elementos contingentes,
esto es cuando se trata de elementos que no tienen porqué tener
nada que ver con nuestras necesidades del orden que sean. Decimos que
tenemos un buen repertorio cuando el conjunto de las objetivaciones
de las que nos rodeamos es un conjunto que tiende a ser completo
-atiende todas nuestras necesidades- y coherente, es decir dotado de
una razón interna, de una determinada proporción que podemos
reconocer y con la que podemos dialogar para hacerla más o menos
amplia, más o menos abierta.
Un buen repertorio
siempre es un indicio de un proceso de auto-organización sostenido.
La precariedad en
esta dimensión repertorial hace insostenible cualquier previsión,
llena nuestras vidas de lagunas y contradicciones -como decía Hauser
al hablar del manierismo- y vuelve inviable cualquier inteligencia de
nosotras mismas que no sea la de quien no tiene más remedio que
andar “a salto de mata”.
….
Esto nos lleva a la
segunda característica de la precariedad. Si la primera consistía
en una carencia repertorial sistemática, se tratará ahora de
entender la precariedad como un proceso de sobrecarga
disposicional. Todas sabemos que para conseguir cualquier cosa
debemos aplicar nuestras disposiciones, nuestros ingenios y talentos.
Cada cual los suyos. De modo que apoyándonos en lo que hay -eso son
los repertorios- podamos alcanzar lo que nos propongamos.
Por poner un ejemplo
muy valenciano: si tenemos tres cocineros y le damos a cada uno una
cesta repertorial con todos los ingredientes necesarios para cocinar
una paella. Como es de suponer cada cocinero dispondrá de dichos
ingredientes a su manera, dosifincándolos y procesándolos según le
dicte su experiencia o su conocimiento de los mismos. Así las cosas,
lo más normal sería que obtuviéramos tres paellas relativamente
diferentes... como sucede siempre que a un mismo repertorio se
aplican diferentes conjuntos de disposiciones.
Pues bien lo que
sucede en la precariedad es que las cestas repertoriales están
siendo saqueadas contínuamente y sus mejores elementos son
reemplazados por sucedáneos o por engendros que no resultan ni
remotamente dignos de ser considerados ingredientes de una paella.
Así las cosas
nuestros cocineros quedan obligados a explotar una y otra vez sus
disposiciones, a ser ingeniosos y reirse de sus propias gracias hasta
que la sonrisa se les congela formando un rictus que ya quisiera para
sí el mismísimo joker.
Cuando se
sobrecargan nuestras disposiciones, cuando se tienen que poner en
juego una y otra vez, cuando de modo creciente todo depende de ellas,
inevitablemente nos encontramos con una sobrecarga disposicional. Así
el gusto por lo nómada, por lo diferente y lo extravagante ha pasado
de ser un signo del discurso libertario sesentayochista... a
convertirse en la maldición de un modo de producción que nos fuerza
a ser los emprendedores -y los custodios- de nuestra propia miseria
tanto de la repertorial como de la disposicional.
…
Pero si rogar no nos
sirve de nada, de menos aun servirá lloriquear, por lucidas y bien
documentadas que sean nuestras lagrimas. El pensamiento no lo es
cuando se detiene y se amodorra con el espectáculo de sus propios
juegos de manos.
...
Seamos claros, ante
la precariedad no cabe otra estrategia que la de la
auto-organización.
Y la
auto-organización consiste precisamente en el proceso de
articulación de lo repertorial y lo disposicional.
Esto significa que
tendremos que definir de nuevo nuestras necesidades, deshacernos de
todo lo espurio, de todo lo que se empeñan en regalarnos y que no
hace más que entorpecer nuestros movimientos y volvernos borrosos.
Esto significa que
tendremos que ser activos, claro que sí, pero también que tendremos
que aprender a escuchar y a confiar en los demás para que la prisa y
el aluvión de nuestras disposiciones no nos saturen y nos hagan
aborrecernos a nosotras mismas.
…
Repertorios y
disposiciones como el agua y el fuego son incompatibles, pero
como dice el Wen Tzu, cuando
hay una caldera entre ellos, pueden utilizarse para mezclar sabores.
Que
las comunidades y las redes auto-organizadas sean la caldera en la
que podamos nutrirnos, crecernos y explorar tanto lo que podemos
hacer como lo que tenemos que hacer.
domingo, 30 de septiembre de 2018
Una breve introducción a las Categorías de Estrato: Mimesis, Apate, Poiesis, Catarsis
Este
grupo de categorías del que hablaremos ahora se caracterizará por
dar cuenta del mundo y sus estratos tal y como nos es dado
experimentarlos, conocerlos y construirlos1.
Las
categorías de estrato tendrán por tanto una dimensión operacional,
describirán tanto los modos de hacer propios de las cosas como
nuestros modos de hacer en relación a las cosas. A través de estas
operaciones se nos mostrará la diversidad y la especificidad de los
estratos de lo real.
Y
cuando hablamos de “operaciones” hablamos de maniobras tan
básicas como las que hacen las Tres Gracias: Dar, recibir,
devolver... o en un orden más adecuado: recibir, devolver, dar...
puesto que todos -incluso los más finos de entre los neokantianos-
empezamos nuestras vidas recibiendo, recibiendo
atención, cuidados, alimento de nuestras madres fundamentalmente...
continuamos nuestra vida devolviendo, esto es, insertándonos
en un ámbito de reciprocidad, en una comunidad operacional en la que
podemos crecer y ayudar a crecer... y la culminamos aspirando a ser
capaces de dar, de producir algo que quizás no estaba ahí,
algo nuevo que aportamos al repertorio que constituye nuestra vida en
común. Por supuesto a toda dación le sigue un nuevo proceso de
devolución, mediante el cual aquello que se ha dado se convierte en
parte de lo que una comunidad determinada comparte y hace circular.
Es
preciso entender la importancia de este orden: recibir, devolver,
dar... y otra vez devolver,
a partir del cual podremos hablar de las cuatro categorías de
estrato que serán la mimesis, la apate, la poiesis y la catarsis.
Según
ese orden, en primer lugar trataremos de la mimesis, mediante
la cual especificamos precisamente aquello que recibimos o reflejamos
cada cual, esto es aquello a lo que somos sensibles y que por eso
mismo somos capaces de replicar.
En
segundo lugar trataremos de la apate o
ilusión estética. Con ella se objetiva lo reflejado,
se hace público: se establece y se recorre un ámbito de intercambio
y reciprocidad, una comunidad de gusto o lo que Hartmann llamaba la
relación de aparición2,
la apariencia sensible y por
ello objetivada de la idea que no es reducible a la idea ni
sustituible por ella, de la misma manera que la cartela no sustituye
a la obra.
Enseguida
nos encontraremos con la categoría de la poiesis mediante la
cual nos mostramos capaces de dar, de fabricar algo que no estaba
previamente conformado y que sin duda alguna podremos producir
apoyándonos en las maniobras previas que nos han permitido recibir y
devolver.
Finalmente
querremos ver cómo todo este proceso se reinicia, cómo la
experiencia estética -bajo la invocación de la catarsis- nos hace
atravesar de nuevo todos los estratos, cómo las más elevadas
convenciones y las más abstrusas maniobras conceptuales vuelven a
reconectarse con los timbres de lo matérico, con los ritmos de lo
orgánico y las melodías de lo psíquico.
Obviamente
en este baile de las Gracias se cumplen escrupulosamente las leyes de
estratos: en primer lugar -y esto vale para cualquier proceso de
producción artística o experiencia estética- tiene que haber algún
tipo de mimesis, tenemos que decantar nuestra atención y
reflejar o ser receptivos a algo de lo que se nos presenta. Será
sólo a partir de esta receptividad que podremos acceder a algún
tipo de ilusión estética, de dispositivo de objetivación.
Será sólo a partir de esta receptividad también que podremos
empezar a plantear y desarrollar una poiesis, un quehacer que
debe invariablemente apoyarse sobre un lenguaje compartido, así sea
por una comunidad diminuta.
Igualmente
se cumple el principio de retorno, puesto que aquello que hemos
recibido retorna de una forma u otra en aquello que somos capaces de
dar, si bien como indica Hartmann aquello que damos no puede en
ningún caso reducirse a aquello que hemos recibido, ni explicarse
enteramente por ello.
Este
imprescindible apoyarse del dar en el recibir, por claro que nos
pueda parecer ahora, es sin embargo algo que la cultura moderna y
patriarcal ha tendido a ignorar olímpicamente: el individuo
romántico, el genio ha sido construido como un hombre
hecho a sí mismo, el que no tiene madre -ni necesita abuela por
lo general-. Este es el paradigma del héroe de las mil caras tal y
como lo ha trazado Campbell: un héroe que aparece como bebé
flotando en una cesta, o volando en una nave espacial, de tal modo
que el dolor del parto y la extrema fragilidad del recien nacido han
desaparecido. El bebé-jefazo-artista ya se llame Moises, Superman o
Anakin Skywalker es el piloto de su propia cesta-de-carreras. Por eso
no tiene madre o si la tiene se trata de una figura completamente
prescindible puesto que este héroe es “el elegido” incluso antes
de nacer y enseguida -como Heracles estrangulando serpientes en la
cuna- se mostrará capaz de hazañas y milagros sin cuento. Sólo en
este paradigma se puede creer a pies juntillas
en la primacía del Dar, en la primacía de una creatividad que brota
de sí misma.
El
artista genial -desde el romanticismo a nuestros días- es en buena
medida una decantación bohemia del héroe solar que invariablemente
intenta erigirse en magnánimo dador, sin que se le pase siquiera por
la cabeza la necesidad de hacer justicia a lo que previamente ha
recibido: menospreciándolo o incluso negándolo abiertamente como si
su creatividad, su capacidad para la poiesis surgiera de la nada3.
Esta
descompensación y este falseamiento radical del juego de las
categorías de estrato ha tenido unos efectos devastadores en buena
parte del panorama del arte contemporáneo, que parece reducirse a
una celebración cansina y autosuficiente de la poiesis.
1El
pensamiento estético puede así encontrar un lugar de juego
adecuado a sus necesidades situándose más allá de la limitación
epistemológica que ha lastrado la tradición neokantiana de las
categorías según la cual estas eran meros artificios del
entendimento y más acá de la pugna marxiana por definirlas
como formas del ser.
2O
la Erscheinungsverhältnis,
para decirlo en una palabra facililla de recordar y que así dicha
en alemán queda mucho más pro.
3La
gran pionera de este movimiento mediante el que se vuelve a poner
sobre sus pies la dialéctica de las Gracias es, cómo no, Ellen
Dissanayake que en su Arts and Intimacy hace la apuesta
-convenientemente ignorada por los señoros del mundo del arte- de
que la raiz de los comportamientos artísticos parte de la relación
entre la madre y sus crías.
miércoles, 15 de agosto de 2018
Memoria y revuelta. O dos payasos que son cuatro que son uno.
Porque
en mí siempre ha habido, entre otros, dos payasos,
el
que solo aspira a quedarse donde está y el que
imagina
que un poco más lejos se encontraría mejor.
Samuel
Beckett. Molloy
Me gustaría hablar de la importancia
de la autonomía y la auto-organización a la hora de entender
sistemas complejos como el que forman la ciudad y los cuerpos que la
habitan.
La auto-organización es siempre el
equilibrio dinámico entre los defectos y los excesos de dos
lógicas... o dos payasos1
como decía Beckett.
Hay una lógica que llamaremos
repertorial, una especie de
payaso de la memoria obsesionado en encontrarle coherencia a lo
que hacemos y así obtener alguna forma de sentido inmanente, basado
en esa misma coherencia, esa necesidad interna.
Pero hay, desde luego, otra lógica, la
disposicional que podemos
entender pensando en un payaso de la revuelta, un
payaso que se pasa todo el tiempo jugando, haciendo experimentos y
poniendo a prueba sus habilidades y nuestra paciencia. .
A
su manera ambos payasos tienen razón y ambos payasos desbarran y
acaban pasándose de listos.
Así
le puede suceder al primero que empiece construyendo memoria,
laboriosa y pacientemente hasta que quizás acabe olvidándose
justamente de qué
es lo que tenía que recordar y por qué.
Por
su parte el segundo payaso empieza desencadenando una revuelta en la
que despliega y explora todas sus capacidades hasta que, cansado de sus
propias ocurrencias y los callejones sin salida a los que
inevitablemente le llevan muchas de ellas, puede bien acabar implicado
en una reacción
contra
los despropósitos de su propia revuelta.
Los
payasos suelen hacernos reir y muy a menudo nos hacen también
pensar. Y eso es lo que sucede con estos payasos y sus transiciones
de la Memoria al Olvido o de la Revuelta a la Reacción.
Y
está bien que nos hagan pensar en ese sentido porque justo esas son
las cuatro modulaciones las cuatro clases de inteligencia,
mediante las que se pone en juego y se mantiene vivo todo sistema
auto-organizado.
Memoria,
Olvido, Revuelta y Reacción, a
las que también podríamos aludir con los términos que se usan para
describir ecosistemas : Conservación,
Disolución, Exploración y Reorganización.
Según
los ecólogos es gracias a la capacidad de alternancia y juego entre
esas modulaciones que pueden darse ciclos adaptativos dotados de un
alto grado de resiliencia.
Obviamente
Conservación y Disolución corresponden al defecto y el exceso en la
busqueda de coherencia.
Mientras que Exploración y Reorganización
corresponden
al defecto y el exceso en la búsqueda de variación.
Lo
que aprendemos de la ecología es que lo que hay nunca puede ser
reducido a ninguna de esas polaridades sino que debe contar con todas
ellas siendo capaz de modificar las combinaciones y las proporciones.
Esto es así porque lo que hay nunca es un solo equilibrio
dinámico sino el conflicto y la cooperación -voluntaria o no-
de una multitud de equlibrios.
Ese
es el campo de lo efectivo, el campo de lo que Assata Shakur llamaba
“acción” y que consiste en la combinación y puesta en juego en
la realidad de los dos tipos de imaginación, los dos tipos de sueños
-repertoriales y disposicionales- mediante los que podemos pensarnos.
1Payaso
del italiano “pagliaccio” aludía originalmente a un saco o un
monigote de paja, “paglia” en italiano...El caso es que esto de
considerar las lógicas relacionales como monigotes de paja tiene su
aquel.
viernes, 10 de agosto de 2018
Cuerpo, ciudad, censuras
Formas de censura.
Vamos ahora a considerar las diferentes formas de “censura” mediante las que se limita no solo el mero acceso a la información, sino también y fundamentalmente nuestra capacidad de auto-organización que en gran medida -y aun contando con los avances tecnológicos- sigue basándose en la capacidad de los cuerpos para articularse entre sí y producir conjuntamente ciudad.
Pero para entender bien de que estamos hablando será preciso que aclaremos dos supuestos que hemos introducido en el párrafo anterior y que necesitan ser bien explicados:
Uno sostiene que ningún cuerpo es una isla. Los cuerpos solo pueden existir y pervivir gracias a su relación, su articulación con otros cuerpos.
El otro que ninguna ciudad es un amontonamiento, una agregación de edificios y flujos de información. Históricamente la ciudad ha querido ser un espacio isegórico. Isegoría en griego clásico aludía a la forma de organización en la que todos -y todas- tenemos acceso al agora como iguales.
Hablaremos de auto-organización cuando suceda que los cuerpos se articulen entre sí formando comunidades capaces de producir ciudad, es decir capaces de producir un espacio isegórico. Sólo así se garantiza que la auto-organización sea contagiosa y produzca más auto-organización
En este sentido puede ser fértil considerar cuatro tipos de censura, según esta funcione produciendo y reproduciendo: miedo, fricción, inundación o ignorancia1.
…
Miedo es el método tradicional y más directo. Suele funcionar bien en sociedades poco tramadas pero ni siquiera en ellas resulta ser de aplicación universal, puesto que no sólo tiende a deslegitimar a aquellos que lo usan sino, sobre todo, porque el miedo igual que se tiene, se puede perder y entonces todo el edificio del poder se desmorona como una castillo de papel dando pie a lo que se ha llamado el “Efecto Streisand.”2. Para evitar tan indeseables efectos se puede orquestar otro tipo de censura que de apoye en multiples agentes interpuestos. La llamaremos “fricción”.
Fricción es la clave de un sistema de censura en el que ya no se trata de evitar el acceso a la auto-organización sino de hacer dicho acceso todo lo engorroso y fatigoso posible, ya sea en términos de tiempo, esfuerzo o dinero. Los procedimientos burocráticos cansinos son un buen ejemplo de una censura por fricción. La Friccion es mucho menos escandalosa que el miedo y no suele producir un grado crítico de deslegitimación... no obstante siempre pude haber campeones del cansinismo que superen todos los obstáculos y logren organizarse. Para evitarlo puede ser bueno explorar un modelo que agudiza aun más los recursos que la fricción pone en juego. A este tercer modelo de censura le llamaremos “inundación”.
Inundación Es el modelo que se basa en la saturación de la oferta y el buen rollo. No es que se amenace al ciudadano por querer participar o que se le permita hacerlo después de todo un maratón de obstáculos. Ahora de lo que se trata es de inundar al ciudadano con un torrente de información y formas vicarias o absurdas de participación. En semejante aluvión quizás haya algo aprovechable pero en su mayor parte se tratará de bulos, visiones sesgadas, versiones contradictorias, etc... el resultado es la desorientación y la neutralización del esforzado buscador de información o de auto-organización.
Algunos modelos -como el de Roberts-
se detienen aquí, pero a nosotros nos parece que falta aun una
formula más de censura, y es que el miedo, la fricción y la
inundación deben complementarse con una modalidad de censura que a
la que llamaremos ignorancia o mejor “inopia”.
La inopia es la censura o el orden de desarticulación que se ejerce sobre aquel ni siquiera advierte que se le puede estar escapando algo. Es la censura operativa en el que no sabe que no sabe. Sin duda es la censura más simple y más segura, de no ser porque a medio plazo, si no a corto, a aquello que se nos está escamoteando acabará por mostrarse como una carencia, como un hueco que inevitablemente aspiraremos a llenar.
La ignorancia puede ser tanto el resultado de la inundación como el del miedo.
En todo caso es a partir de esa ingenuidad sobrevenida desde la que eventualmente se pueden hacer preguntas incomodas, como el niño en el cuento del traje del emperador. A esas preguntas inconvenientes, acaso producidas desde la ignorancia o la ingenuidad se contestará, en muchos casos con el miedo o quizás con una nueva oleada de inundación o fricción...
Quizás lo interesante para empezar a hacer análisis concretos de situaciones concretas como la que podemos tener ahora en Madrid o en Río...puede ser representar gráficamente el conjunto de todas las relaciones posibles entre estos 4 tipos de censura y decidir cuales son las que en una determinada contextura histórica y social se hallan operativas.
1Para
esta división me apoyo parcialmente en Margaret Roberts, una
investigadora del proyecto Censorhip 2.0 de The Guardian.
2
Así se denomina a la reacción que llevo a miles de internautas a
difundir fotos de la mansión californiana de la cantante, cuando
ésta amenazó con demandar judicialmente a un fotografo y exigirle
50 millones de dolares. Lo único que consiguió fue que la foto se
difundiera mucho más y que multiples webs la enlazaran. A todo esto
las fotos se hicieron para documentar los procesos de erosión de la
costa debidos a la construcción en primera linea de playa...
1Para
esta división me apoyo parcialmente en Margaret Roberts, una
investigadora del proyecto Censorhip 2.0 de The Guardian.
2
Así se denomina a la reacción que llevo a miles de internautas a
difundir fotos de la mansión californiana de la cantante, cuando
ésta amenazó con demandar judicialmente a un fotografo y exigirle
50 millones de dolares. Lo único que consiguió fue que la foto se
difundiera mucho más y que multiples webs la enlazaran. A todo esto
las fotos se hicieron para documentar los procesos de erosión de la
costa debidos a la construcción en primera linea de playa...
jueves, 28 de diciembre de 2017
Un corazon no tan sencillo
Treinta
años tardó en darles su forma definitiva. Así que no será sino en
1877, casi al final de su vida, cuando publicó Flaubert sus Tres
Cuentos, tres piezas aparentemente muy diferentes, si nos limitamos a
considerar el marco temporal en el que transcurren, pero que en las
que no dejarán de resonar temas muy parecidos, como tendremos
ocasión de ver. Temas que siguen siendo de la mayor importancia. De
eso va este breve artículo.
De entrada, una de
las cosas que más impresionan al leer Un corazón sencillo, y es
algo que pasa también con algunos de sus otros trabajos más
emblemáticos como Mme. Bovary o Bouvard y Pecuchet, es
la estridente desproporción que se da entre la intensidad y sentido
del drama con el que sus personajes centrales viven sus pasiones... y
la mezquindad y poca cosa que resultan ser los objetos a través de
los cuales se materializa dicha pasión.
Que
Felicité, la protagonista del cuento, sea capaz de pasarse una noche
entera llorando sola en el campo1
y que dé un giro radical a su vida abandonando su trabajo y su aldea
da una medida de su capacidad para amar y para emocionarse.
Pero
una vez entendida la medida de esa pasión, y aquí es donde Flaubert
revela su poética más específica, empieza a llamarnos
poderosamente la atención que el objeto de pasión tan tronante haya
podido ser un mozo tan banal y prescindible como el bueno de Teodoro,
un claro trasunto de Charles Bovary, que el narrador, sin esforzarse
por ser cruel, nos ha mostrado en dos pinceladas como una criatura
verbosa, cobarde y tornadiza.
Lo
primero, la capacidad de amar de Felicité, nos la hace cercana, casi
entrañable, nos hace reconocernos en ella. Felicité c'est moi,
como diría una entrada en el diccionario para idiotas del mismo
Flaubert. Ahora bien, la constatación de lo segundo, de la
desproporción del objeto de la pasión con la pasión misma, acaba
por caracterizar a Felicité como un personaje un tanto patético, un
poco como si se tratara de la parodia de un personaje verdaderamente
dramático... y eso sólo puede ir a peor.
E ir a
peor es lo que sucede y no deja de suceder a lo largo del cuento. A
la fallida pasión por Teodoro le sigue un breve e interrumpido
arrobamiento por los hijos de Mme Aubain -hasta que ésta le prohibe
besarlos a cada rato- después por el sobrino marinero y al cabo por
el loro Lulú, primero como criatura viva y finalmente incluso como
objeto de devoción disecado. Lulú en ambas versiones es fundamental
por cuanto, al irnos acercando a las páginas finales del relato, se
muestra muy a las claras justo esa desproporción entre estratos de
la que estamos hablando, asumiendo la posición central del gran
objeto de pasión en su rol de espiritu santo relleno de serrín2.
Este
tema, este gran tema ya no del desacoplamiento -que ese es otro- sino
el de la desproporción es uno de los temas centrales en la
modernidad. Todo es como si en este mundo improvisado y chapucero ya
no hubiera objetos situados a la altura de nuestras pasiones y
nuestras exigencias de trascendencia, las que nos permiten pasar de
un estrato a otro, convertir -como quería Vigotsky- lo interpersonal
en intrapersonal y viceversa. En una sociedad bien tramada podría
pensarse que los hombres y las mujeres tienen el gobierno y la poesía
que se merecen... y saben dar buena cuenta de ella. Ahora bien, en la
modernidad burguesa todo sucede como si hubiera una falla, una enorme
quiebra entre los repertorios de objetos a los que podemos recurrir y
la inteligencia y la sensibilidad con la que podemos hacernos cargo
de ellos. Así las pasiones son tan grandes y arrebatadoras como
siempre pueden haberlo sido, pero la pequeñez y torpeza de los
objetos en los que las apoyamos nos hacen parecer imbéciles o algo
peor.
¿No
es esto, por otro lado, lo que también acontece con Quijote? ¿No
muestra nuestro caballero, entre otras muchas cosas sin duda, la
triste figura de quien se ve obligado a atender lo alto de sus miras
y anhelos mediante las bajezas con las que tropieza a cada paso?
Y está
bien, muy bien, aquí hablar de lo alto y lo bajo, porque de
este modo podremos llevar el análisis de esta desproporción tan
característica al terreno que hemos ido construyendo gracias a la
teoría de estratos y al cuadro de necesidades esbozado por Max-Neef.
--------------------------------------------
Creación,
Identidad, Libertad
--------------------------------------------
Entendimiento,
Ocio, Participación
--------------------------------------------
Subsistencia,
Protección, Afecto
--------------------------------------------
El
cuento nos muestra así lo que sucede cuando pretendemos atender
lo alto -lo sublime de una pasión en todo su poder- mediante
lo bajo, o mejor dicho: lo cada vez más bajo: así de un novio
tornadizo, cuyo juego aun podría ser una decente pareja de baile de
la pasión de Felicité pasamos a un sobrino con tendencias al
naufragio y finalmente a un loro mal disecado al que se le sale el
relleno... así se completa el descenso de los objetos de la pasión
de Felicité desde el estrato de lo social-objetivado hasta los más
bajos fondos del estrato de lo inorgánico.
Acaso
la evolución de esta correlación podría verse reflejada en el
decurso que va de Fortuna Minor a Amissio llegando finalmente -con el
loro ya disecado- a Carcer
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Esta
disposición de estratos se repite en multitud de relatos, hasta el
punto incluso de ser una constante seguramente en la historia de la
literatura y de los recursos artísticos en general3.
Tanto es así que este atender lo alto mediante lo bajo acaso
esté en el origen mismo de lo paródico.
El
arte de Flaubert, y con esto nos iremos adentrando en los dominios de
lo categorial, se nos muestra justo en esa capacidad para mostrarnos
cómo en sus personajes centrales -de Frederic Moureau o Mme. Bovary
a la misma Felicité- conviven los más elevados designios y
disposiciones junto con un repertorio de objetos y procedimientos que
no pueden sino conducir al personaje a su propia disolución en lo
contingente o lo imposible. Su fracaso no será el fracaso grandioso
de los personajes épicos ni tampoco el enteramente risible de los
personajes cómicos.
Aquí
reirnos duele y no reirnos nos hace sentirnos imbéciles.
Y la
tensión entre esas dos polaridades eso es quizás lo más
característico del modo de relación que Flaubert pone en juego.
…
Y ya
que vamos entrando en lo categorial, aquellas herramientas que nos
permitirán apreciar con una mayor fineza aquello con que nos
encontremos, bien estará que constatemos cómo la especificidad de
lo categorial consiste precisamente en la introducción de diferentes
dinámicas dentro mismo de la concreta configuración de estratos que
se nos da en cada caso.
Así,
igual que hemos visto que al proceso que atiende lo alto mediante
lo bajo le conviene la categoría de la parodia. Podríamos
sostener que al proceso que atiende lo bajo mediante lo alto
le conviene la categoría de lo épico.
Esto
nos acerca, sin duda al juego que planteaba Aristóteles en su
Poética cuando sostenía que la épica era el género que mostraba a
los hombres mejores de lo que en verdad eran y esto es justo lo que
sucede cuando son capaces de llevar a lo más alto la atención
que deben dedicar a lo más bajo... y que la comedia surgía
cuando dábamos en mostrar a los hombres peores de lo que en verdad
eran, es decir cuando se conformaban con atender sus necesidades
más altas en los términos de lo más bajo.
Por
supuesto ahora sabemos que ahí se le colaba a Aristóteles -y casi
se nos cuela a nosotros- un importante matiz al hablar de hombres
mejores y peores o hablar de lo más alto y lo más bajo como si lo
alto fuera bien y lo bajo mal.
Gracias
a lo que hemos avanzado en teoría de estratos sabemos que la
cuestión -como el corazón de Felicité- para nada es tan simple: lo
más bajo lejos de ser -de suyo- deleznable es acaso lo más común,
aquello que nos proporciona una base, una base ampliamente compartida
en la que vivir y desde la que explorar lo más alto, sabiendo que lo
más alto no tiene porque ser intrínsecamente más virtuoso o más
lucido, lo más alto es sólo lo extraordinario, lo que se escapa de
lo previsto y que por ello puede ser tan sublime como errático, tan
genial como precario y frágil.
Por
eso, sin entrar en moralismos de ningún tipo podemos sostener que
cuando se resuelven las pretensiones de lo extraordinario en el campo
de lo ordinario damos pie a la parodia... mientras que cuando somos
capaces de convertir las pulsiones de lo ordinario en combustible
para lo extraordinario nos situamos en los dominios de la épica.
Por
supuesto que categorialmente caben otras dinámicas menos extremas.
Así
tenemos que entender también el lugar categorial del drama y de la
comedia.
El
drama es la categoría pertinente cuando damos en atender lo
extraordinario mediante lo extraordinario.
Mientras
que la comedia es la categoría conveniente a la poética que atiende
lo ordinario mediante lo ordinario...
Algo
relevante que nos aporta aquí la teoría de estratos es la
inteligencia de que el drama, en la medida en que atiende lo alto
mediante lo alto, le acecha el peligro de mostrarse “in-intuible”,
es decir, que al mantener su juego restringido a lo más alto y más
especializado, por así decir, puede bien suceder que no hallemos por
donde coger la obra en cuestión, que no hallemos puerto mediante el
que acoplarnos.
Por su
parte el peligro específico que acecha a la comedia cuando atiende
lo ordinario mediante lo ordinario, no es otro que el de la
trivialidad de lo que no
cuestiona ni conmueve ... o que lo hace desde la más absoluta
inconsecuencialidad.
Por
supuesto que pueden haber -de hecho abundan- dramas triviales y
comedias in-intuibles... si bien eso, sin duda, constituiría una
muestra de una doble torpeza y debería ser objeto de un muy
detallado estudio que nos llevaría de lo malo a lo peor.
En
cualquier caso y para no alejarnos demasiado del cuento de Flaubert
del que hemos partido, habrá que dejar claro que “Un corazón
sencillo” no es ni in-intuible, ni mucho menos trivial, como
tampoco lo son los otros dos cuentos que e acompañan... y no lo
son, entre otras cosas porque los tres, aun estando ambientados en
épocas bien distintas, tratan de uno de esos temas que cruza lo
mejor de nuestra literatura, el tema de la alienación, el tema de
quien no es ni lo que puede ser, ni mucho menos lo que tiene que
ser... Veamoslo con la ayuda de Hegel, nada menos.
….
En su
Fenomenología del Espiritu, el joven Hegel plantea un abordaje al
barco fantasma de la Alienación, y decimos que es un barco fantasma
y espectral donde los haya porque para nada se trata con esto de la
alienación de que uno pueda ser así, de buenas a primeras y
limpiamente, uno mismo o pueda ser otra cosa que no se
corresponde con él. Sencillo sería el corazón de las tinieblas si
ese fuera el caso. Bastaría con ser uno mismo como nos aconsejan los
libros de auto-ayuda y los vendedores de zapatillas deportivas y ya
estaría todo resuelto.
Pero
no, no va a resultar tan simple, porque según Hegel creyendo saber
quien somos nos perdemos y cuando más desorientados y perdidos
estamos... más cerca de conocernos resultamos estar.
Dadas
estas dos situaciones que a menudo se nos vienen encima
simultáneamente, nuestra conciencia -dice Hegel- no
es sino la unidad inmediata de ambas, pero de tal modo que no son
para ella lo mismo, sino que son contrapuestas. Así tenemos que la
una, la conciencia simple e inmutable, es para ella como la esencia,
mientras que la otra, la que cambia de un modo múltiple, es como lo
no esencial.4
Pero
cuidado porque esta esencia y esta no-esencia no se contraponen como
blanco y negro sino que se trata de una
lucha contra un enemigo frente al cual el triunfar es más bien
sucumbir y el alcanzar lo uno es mas bien perderlo en su contrario.
Así
las cosas, no es extraño que Hegel plantee un juego de espejos entre
lo que él llama Esencialidad e Inesencialidad, de modo tal que ambos
términos no pueden sino funcionar en tensión uno con el otro, como
dos muchachos testarudos, uno de
los cuales dice A cuando el otro dice B y B si aquél dice A y que,
contradiciéndose cada uno de ellos consigo mismo, se dan la
satisfacción de permanecer en contradicción el uno con el otro.5
Y el caso es que todos somos, como
poco, ambos muchachos testarudos a la vez y sabemos que si le damos
la razón a uno, no tardará en aparecer el otro mucho más poderoso
de lo que lo creíamos... un poco como sucede con la tensión entre
energía cinética y energía potencial, donde la absoluta
actualización de una de ellas lejos de implicar la aniquilación de
la otra, más bien conlleva su máxima potencialización.
Para
dar cuenta de estos incrementos y decrementos de potencialización y
actualización sostiene Hegel que Esencialidad e
Inesencialidad pueden a su vez ser marcadas como Estables e
Inestables, según tiendan a actualizarse o a potencializarse.
Así
las cosas ¿podría trazarse la historia de Felicité como el juego
entre una Esencialidad Inestable y una serie de Inesencialidades que
se van, poco a poco, estabilizando?
Lo que
está claro es que Felicité se da de bruces con una primera
Esencialidad Inestable que se le presenta de sopetón cuando, con la
fugaz aparición de Teodoro, descubre la protagonista su natural
apasionado. Pero en ella se encuentra y como dice Hegel, se pierde...
A
partir de ahí -y eso es lo que la convierte en un personaje de
Flaubert- se busca a si misma con una entrañable torpeza,
entreviéndose en toda una serie Inesencialidades que tienden a
actualizarsele encima, que tienden a la estabilidad que sólo pueden
proporcionar los afectos vicarios: los hijos de Mme Aubain, el
sobrino naufragable y cómo no, Lulú, el loro.
Todo
es como si el primer desacoplamiento, el que la separa de su aldea y
su entorno, la hubiera colocado en una posición desde la cual nada
pudiera ya, de suyo, decantarse en alguna forma de Esencialidad, sino
que se limitara a ser una sucesión de pasiones sin consecuencias,
una sucesión de Inconsecuencialidades.
Semejante
palabro nos abre a una inteligencia más afinada de los términos que
propone Hegel.
En
términos modales sería más fértil que en vez de Esencialidades e
Inesencialidades hablásemos de Consecuencialidades e
Inconsecuencialidades.
Es
decir, de cómo aquello que hacemos, aquellas composiciones de
relaciones en las que entramos, confirman una Consecuencialidad
siendo susceptibles de integrarse como un eslabón más en una cadena
de sentido, que vamos definiendo y construyendo a cada paso... o
cómo, por el contrario producen Inconsecuencialidad, no
contribuyendo a reforzar conjunto de sentido alguno, sino
proyectándose como variaciones, juegos no centrados ni planificados
mediante estrategia alguna.
Se
trataría aquí, claro está de una Consecuencialidad y una
Inconsecuencialidad Inestables, enzarzadas de lleno en un
movimiento contradictorio en
el que el contrario no llega a la quietud en su contrario, sino que
simplemente se engendra de nuevo en él como contrario6.
La alienación, la miseria no estaría por tanto en la
Consecuencialidad Inestable, ni mucho menos en la Inconsecuencialidad
Inestable... sino que nos acecharía doblemente en la estabilización
de cada una de ellas. Eso nos abocaría a entender dos modulaciones
de la alienación: una forma específica de alienación en la
Consecuencialidad que se estabiliza y que es del todo incapaz de
darle juego a nada que no se integre en el conjunto de sentido ya
asentado. Y otro orden de alienación en la Inconsecuencialidad que
se encierra en su juego de variaciones incapaces de forma alguna de
decantación.
Habría una alienación por falta de juego -en la Consecuencialidad
Estable- y otra por falta de sentido -en la Inconsecuencialidad
Estable-.
Podriamos pensar que Felicité empieza perdiendo pie en la
Consecuencialidad y que se va perfilando al ir derivando por diversas
formas de Inconsecuencialidad que alcanzan su mayor estabilidad en el
momento en que llega el loro ya disecado y picoteando una nuez dorada
-por un prurito de grandiosidad- .
Pero no se trata, en absoluto, de fijar a cuales de estas polaridades
se acerca y se aleja Felicité, sino de dejar que sean las lecturas
que hagamos cada cual a cada momento las que nos la muestren a una u
otra luz. Nuestro trabajo consiste en afinar cada uno de los focos,
en preparar una escenografía conceptual en la que puedan darse todo
tipo de dramas y de comedias, de historias épicas y de chanzas
paródicas...
Esa es la vida y el juego que encontramos en cada obra de arte
verdaderamente grande.
Y es que modalmente ninguna obra se nos muestra jamás como una foto
fija, como el resultado cerrado de un experimento formal o una
poética consolidada: es siempre el paisaje tornasolado que como esas
laminas de gatitos y cascadas que se venden en los bazares nos
muestran diferentes composiciones según nos vamos moviendo.
Seguro que a Felicité esas láminas le habrían encantado.
1Fue
un dolor desmesurado. Se tiró al suelo, rompió a gritar, invocó a
Dios y estuvo gimiendo completamente sola en medio del campo hasta
el amanecer. Después volvió a la alquería, dijo que pensaba
marcharse, y, pasado un mes, le dieron la cuenta, envolvió todo su
equipaje en un pañuelo y se fue a Pont-l’Évêque.
2
El Padre, para expresarse, no había podido elegir una paloma,
porque estos animales no tienen voz, sino más bien un antepasado de
Lulú.
3
Y nada de esto, sin duda, sucede por entero al margen del contexto
social y político que habita Flaubert. Frederic Moureau es mucho
más comprensible cuando lo vemos sobre el trasfondo de la sociedad
del Segundo Imperio, una sociedad de oportunistas sin
oportunidades, cuyo personaje ya no es el Rastignac de Balzac
sino precisamente Moureau, una especie de Felicité con infulas
literarias
4GWF
Hegel, Fenomenología del espíritu, pág. 80
5GWF
Hegel, Fenomenología del espíritu, pág. 79
6Ibidem,
pág. 80
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